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EL JUGADOR

Il cartaio

2004 IT HMDB
enero 2, 2004

A manos de la policía llega un vídeo que muestra los crueles asesinatos filmados por "El jugador", un despiadado asesino en serie que secuestra jóvenes y las retiene hasta que las ejecuta. A través de Internet, el asesino se enfrenta, en unas perversas partidas de póker, con una policía y un equipo de anti-hackers. Se trata de la detective Anna, que, con la ayuda de un investigador británico, consigue penetrar en el universo del psicópata y decide jugarse la vida enfrentándose a él en una partida de póker.

Directores

Reparto

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Equipo

Produccion: Claudio Argento (Executive Producer)
Guion: Dario Argento (Screenplay)Franco Ferrini (Screenplay)
Musica: Claudio Simonetti (Original Music Composer)
Fotografia: Benoît Debie (Director of Photography)

RESEÑAS (1)

Francesco Mirabelli
Francesco Mirabelli
La comisionada Anna Mari se ve involucrada por un misterioso asesino en serie en un perverso juego mortal lanzado a través de internet directamente en las computadoras de la Policía. Solo logrando ganar las partidas de video póker que el asesino la obliga a jugar, Anna podrá salvar la vida de las mujeres secuestradas y con la ayuda del policía inglés John Brennan y de un joven hacker llamado Remo intentará poner bajo presión al feroz e imprenible criminal que está decidido a dejar tras de sí una larga estela de violentos asesinatos… Al final de la proyección, no bien las luces de la sala se encienden, la mirada del espectador está perdida, casi vacía. La desagradable sensación que lo acompaña es la de haberse perdido algo, de haberse dormido y haber perdido incluso un minuto del film, quizás justamente ese minuto que podía dar sentido a toda la película. Y mientras se dirige silencioso hacia la salida, se da cuenta de que no ha apartado los ojos de la pantalla ni por un segundo, de que no se ha perdido nada. Solo que la sensación de vacío permanece. Y la explicación no puede ser otra. “El Cartaio” es una película mala. Sin medias tintas. Si con “El Fantasma de la Ópera”, según el parecer unánime de su fiel público, Dario Argento había tocado fondo, con esta nueva película logró armarla aún más grande, tan grande que hace parecer al discreto “No tengo sueño” una verdadera obra maestra del horror moderno. La película de 2001, a pesar de sus defectos, se había hecho apreciar (aunque sin hacer gritar al milagro) por su homenaje a los clásicos argentianos del pasado, en particular “Profundo Rojo” del cual recorría fielmente casi cada paso. El guion era interesante, los efectos splatter decididamente por encima de la norma y las invenciones detrás de la cámara dejaban esperar una nueva juventud para el Maestro del horror italiano. Pero las expectativas fueron completamente decepcionadas. La trama de “El Cartaio” es sorprendentemente débil, desconectada y carente de cualquier elemento de tensión, suspenso o incomodidad a los cuales el director romano nos ha acostumbrado, bien o mal, desde hace tiempo. Los personajes de la película parecen pegados a la pantalla por casualidad, sin un pasado ni un presente, fuera de lugar e irritantes más de una ocasión (basta pensar en la insulsa caricatura del médico forense cantante-bailarín o en el incompetente grupo de expertos anti-hacker de la Policía que desesperadamente intentan rastrear la zona de transmisión del asesino en serie sin ganarse a nuestros ojos un mínimo de credibilidad). Y cuando el guion intenta abrir una brecha en el pasado de la protagonista Anna Mari (revelándonos un padre apasionado por el póker que se suicida sobre las vías de un ferrocarril) lo hace de manera tan forzada y torpe que solo revela ser un vínculo obligatoriamente necesario para unir las piezas de un thriller que comienza a hacer agua por todos lados. Aún más decepcionante es el ahora vano intento de desviar las sospechas del espectador hacia múltiples, hipotéticos culpables: algunos planos fijos sobre ciertos personajes, su aparición en momentos particulares de la película justamente para hacernos dudar de ellos es tan ridículo que provoca incluso algunas risas. La identidad del asesino al final se revela ser exactamente la que el espectador sospechaba desde el primer minuto de la película, pero que inconscientemente seguía descartando por su desconsolante banalidad. Y el motivo que impulsa al asesino en serie al asesinato es aún más banal. A este desastre contribuye sin duda el desempeño vergonzoso de todo el elenco, cómplice también la actuación original en inglés redoblada en italiano que logra, si es posible, alejar aún más a los personajes de sus roles, de la pantalla, de su misma credibilidad. Un desastre en toda la línea. Hasta ahora el juicio no se aleja tanto del universalmente compartido sobre “El Fantasma de la Ópera”. ¿Cómo puede entonces “El Cartaio” ser aún peor? Rápidamente dicho: en esta película, a diferencia de “El Fantasma de la Ópera”, no se derrama ni una sola gota de sangre. Nada de nada. ¿Qué le pasó al Maestro del Escalofrío? Todas las escenas de asesinato se muestran a través de un cuadro en la pantalla de una computadora, en el cual apenas logramos distinguir el rostro de la futura víctima y escuchar sus gritos descompuestos. Toda la magia y la coreografía del asesinato argentiano son sacrificadas y anuladas por una miserable, diminuta ventana en un monitor. Y cuando finalmente nos encontramos frente a una secuencia que promete (al menos a nivel splatter) algo más, exactamente en el momento liberador en que el arma golpea el cuello de la víctima… ¡cambio de escena repentino! ¡Ya estamos en su funeral! El asesinato interrumpido en el mejor momento, cortado groseramente sin la mínima pericia. ¿Censura? ¿Error de montaje? ¿Elección estilística? Cualquiera que sea el motivo, el resultado es decididamente desconcertante y de muy mal efecto. Y mientras tanto, el asombro y el desengaño del espectador aumentan. Aunque ya es compartida por todos la idea de que una película de terror puede definirse como tal no solo por su violencia manifiesta sino también por su atmósfera oscura y paralizante, en este caso estamos frente a una película que no involucra, no asusta y no muestra nada espeluznante (a excepción de los cadáveres descompuestos de las víctimas, bien poca cosa…). Si en una película a la que le falta una sólida estructura ósea también le quitas la carne, ¿qué queda? Practicamente nada. En las secuencias finales, puntos focales siempre de las películas de Dario Argento, después de descubrir con decepción la identidad del asesino, asistimos a una de las peleas entre el bueno y el malo más ridículas que la historia del cine recuerde. La escena entera está sin mordiente, sin tensión, tan surrealista que roza la comicidad, condimentada con ese toque de psicología barata que fastidia incluso al espectador menos inteligente. Sin sentido luego la última toma, ambientada un mes y medio después de los eventos que llevan al desenmascaramiento del asesino en serie: un toque adicional de vacuidad a una película que prácticamente no existe, tan frágil, inútil y carente de sentido. Duele hablar con tal irreverencia de un director que escribió la historia del cine de terror mundial, de un genio de la cámara, de un visionario de la violencia que supo hacer temblar generaciones de apasionados del escalofrío. Pero una película así no merece clemencia ni justificaciones: es doloroso admitirlo, pero la sensación constante es que “El Cartaio” fue filmada rápidamente, sin mucha convicción, con pocas ideas y con poca gana. El micrófono colgante sobre la cabeza de los actores que asoma desde lo alto de la pantalla en dos ocasiones delata toda la negligencia y la prisa con que la película fue realizada. La pobreza de la trama, los diálogos al límite del paradójico delatan la aproximación y la desgana con que se escribió el guion. Y como si no bastara, esta vez resulta insuficiente incluso la banda sonora: Claudio Simonetti es un grande, un músico capaz y con un gusto marcado por las atmósferas inquietantes, pero esta vez realizó realmente su peor colaboración cinematográfica. Es posible que en CD la banda sonora de “El Cartaio” resulte interesante y envolvente, pero la manera en que la música fue integrada a la película simplemente no funciona. No logra abrirse paso en la mente del espectador, dejar su marca, de tan rara vez que es mencionada parece casi no estar presente. Basta pensar que la música que más queda en la mente del espectador es el fastidioso tema del video póker. Es fácil imaginar lo que piensa el espectador al salir del cine: Dario Argento es un mito, uno de los más grandes directores de terror de todos los tiempos y yo esta noche no fui al cine. O si fui al cine me equivoqué de sala. O si la sala era la correcta dormí durante toda la proyección y no vi nada. Pero por más que se intente remover un trauma tan grande, la verdad es una sola: “El Cartaio” existe y es un fracaso. El único verdadero Cartaio que parece haber cumplido a la perfección su trabajo es nuestro amado Dario Argento que nos endosa un gran, pesado y decepcionante dos de picas.
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RESEÑAS DE LA COMUNIDAD (1)

JPV852

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6 /10

I liked elements of this crime-thriller from Dario Argento that has some genuine suspense however there are many scenes that are silly and makes little sense. But I liked the cast, namely Stefania Rocca and Liam Cunningham, who were great together. This is one I actually think there's a blueprint for a remake. 3.0/5

Reseñas proporcionadas por TMDB