En la tradición del horror abundan las películas dedicadas a casas malditas, infestadas por espíritus inquietos. Lo que debería ser un cálido refugio donde escapar del resto del mundo y estar seguro, donde vivir y construir una familia, se convierte en cambio en el lugar donde se manifiestan los miedos más recónditos, donde se cometen los crímenes más atroces y las obscenidades más desagradables.
El horror oculto entre las paredes del hogar ha sido representado múltiples veces por directores y guionistas del género; se puede decir que hay cuatro formas de representar "la casa" en la filmografía de horror: como lugar infestado por espíritus malignos (piénsese en el reciente "Haunting" de J. Debon); como escenario de crímenes atroces ("La matanza de Texas" de T. Hooper es un ejemplo clásico); como entidad dotada de vida propia que, moviendo objetos y muebles, masacra a sus habitantes (véase "La casa de Mary" de J. Robertson y "Ballad of Blood" de D. Curtis); y finalmente como refugio ilusorio ("La noche de los muertos vivientes" de G. Romero).
Haciendo un análisis cronológico, la primera película que aborda el tema de las "moradas malditas" es "The Old Dark House" de James Whale de 1932, en la que presenciamos las vicisitudes que debe enfrentar un grupo de personas que, debido a un violento aguacero, se ve obligado a refugiarse en una casa aislada y de aspecto lúgubre. Los habitantes de la vivienda resultan muy extraños: hay un mayordomo mastodontico y semi-deformado y dos ancianos, hermano y hermana, que parecen haber perdido la razón. Magistralmente dirigida por Whale e interpretada por el ícono del horror de los años treinta Boris Karloff (que aparece como mayordomo), "The Old Dark House" es sin duda uno de los mejores productos de la filmografía del horror de esa época. El uso de luces tenues (velas o pequeñas lámparas) y juegos de sombras logran infundir gran suspenso, y si a ello añadimos una serie de personajes misteriosos y lúgubres (el terrible mayordomo Karloff, la vieja bruja, el loco encerrado en el último piso) comprenderán por qué esta película sigue asustando hoy en día.
Hay que llegar hasta los años sesenta para encontrar una película notable sobre "Casas Embrujadas"; se trata de "La mansión de los espíritus" de R. Wise de 1961, en la que una enorme villa está infestada por el espíritu cruel de su propietario. A pesar de los más de cuarenta años transcurridos desde su estreno, sigue siendo una de las mejores películas jamás realizadas sobre el tema de las "moradas malditas": suspenso y atmósferas tenebrosas creadas sin la ayuda de ningún efecto especial (con excepción de la escena del abombamiento de una puerta), todo sabiamente dirigido por un especialista del género como Wise e interpretado de manera impecable.
Sin descuidar la dimensión visual (pasillos, puertas, escaleras), Wise se enfoca en la banda sonora, en voces y ruidos a través de los cuales la casa maldita se apodera de sus visitantes y asusta a los espectadores. A mediados de los años setenta tenemos "La matanza de Texas" de T. Hooper, que representa de cierta forma el prototipo de películas donde "las casas" sirven simplemente como escenario para crímenes atroces; en esta película no es la vivienda en sí la que crea terror sino sus escalofriantes y sanguinarios habitantes. En 1976, Dan Curtis dirige su obra maestra "Ballad of Blood", en la que una familia entera es eliminada por una casa maldita que se sirve de sacrificios humanos para mantener intacta su magnificencia a lo largo de los años. Poco conocida por la mayoría, esta "Ballad of Blood" es una pequeña joya de la cinematografía de horror, una historia que, más allá de las habituales atrocidades, ofrece atmósfera y tensión.
Basada en una novela de Robert Marasco y dirigida por un inspirado Dan Curtis (que rara vez, con sus películas posteriores, alcanzaría estos niveles), la película puede presumir de contar con uno de los elencos mejores y más felizmente ensamblados que el cine de horror recuerde. Dos grandes actrices, Bette Davis (en el papel de tía Elisabeth) y Karen Black, ejemplares en la interpretación de sus personajes, pero también un protagonista masculino excepcional como Oliver Reed, gran actor que interpretó algunos de los films de horror más interesantes de los años 70/80 ("Los demonios" de Ken Russel, "Brood" de Cronenberg). Excelente también el guion (a cargo del mismo Curtis) y la escenografía. "Ballad of Blood" ofrece en particular dos momentos de seguro impacto y gran suspenso que no se olvidan fácilmente: la muerte del personaje de tía Elisabeth y la escalofriante secuencia final. No es casualidad que alguien que entiende de suspenso y miedo como Stephen King la haya incluido entre las diez mejores películas de horror de todos los tiempos.
En 1979 tenemos el primer capítulo de la saga de Amityville con "El horror de Amityville" dirigida por Stuart Rosenberg, en la que vemos a una familia enfrentándose a una casita embrujada; en la película el horror casi nunca "aparece", sino que lo que se intenta transmitir es el malestar de los protagonistas, la desesperación de una familia obligada a abandonar una casa que les ha costado enormes sacrificios sin una explicación lógica. La película tendrá cuatro secuelas: "Amityville II - La posesión" de 1982 dirigida por el director italiano Damiani, "Amityville 3D" (1983) versión en "tres dimensiones", "Amityville Horror - La fuga del diablo" de 1989 e finalmente la película para televisión "Amityville Dollhouse" de 1996.
Aproximadamente en el mismo período y con temáticas, en cierto sentido, similares comienza la saga de "Poltergeist", en la que una pobre familia, y especialmente la más pequeña del grupo, la pequeña Carol, son perseguidas por algunas "presencias demoníacas". De nada les sirve cambiar de casa, las "presencias" los siguen, incluso cuando se mudan a un modernísimo rascacielos en Chicago ("Poltergeist III" 1988).
Tres películas con poco suspenso y muy pocas escenas de sangre, de las cuales la mejor sigue siendo sin duda la primera, "Poltergeist: Presencias demoníacas", dirigida por Tobe Hooper. Entre finales de los años setenta e inicios de los ochenta, es en Italia donde se producen las mejores películas de casas del período; dos en particular son verdaderas obras maestras del género, me refiero a "La casa con las ventanas que ríen" de Pupi Avati y "La villa junto al cementerio" de Lucio Fulci.
En la primera se narra la historia del pintor Buono Legnani, quien se decía estaba obsesionado con la idea de poder pintar el rostro de la muerte, por eso acudía a la cabecera de los moribundos para retratarlos mientras exhalaban su último suspiro; pero, con el paso de los años, esto no le fue suficiente, así que comenzó a cometer crímenes atroces para luego retratar a sus víctimas. En estas maldades era ayudado por dos hermanas, también locas, con las que además tenía relaciones incestuosas. Todo sucedía en la casa del pintor, una cabaña oscura y aislada en medio del campo, hecha aún más aterradora por el hecho de que Legnani había pintado alrededor de las ventanas enormes bocas burlones.
Esta película es una pequeña obra maestra del cine italiano, rodada por Avati en pocas semanas y con pocos medios, basada en un guion de Maurizio Costanzo; la película es un ejemplo palmario de cómo, para hacer una buena película de horror, se necesita más una historia original y ambientaciones misteriosas que grandes efectos especiales. A Avati le sale perfectamente la difícil tarea de transformar la tranquilidad del soleado campo de Romaña en un inquietante escenario para vicisitudes terribles. Un gran thriller-horror con un final sorprendente, absolutamente imprescindible.
La película de Fulci, en cambio, no tiene una historia igualmente cautivadora e interesante; de hecho, se podría decir que es la típica trama de "película de horror", pero lo que destaca de esta película son precisamente las excelentes escenas de miedo y ansiedad que el director logra obtener sirviéndose de la arquitectura de la casa. Todo gira en torno al sótano donde habita un doctor loco que ha logrado mantenerse vivo durante muchos años matando a todos los habitantes que vienen a vivir a la villa y trasplantándose los órganos extraídos de los pobres desventurados; cada vez que alguno de los protagonistas se acerca al sótano, aunque ya sabemos cuál será su destino, la ansiedad que el director logra transmitirnos con sus encuadres, tanto en retrospectiva como desde debajo de las escaleras, es altísima. Una vez visto, no olvidarán fácilmente el sótano del doctor Freudstein.
También el maestro del thriller-horror a la italiana Dario Argento nos regala, en tres de sus mejores películas, su personal visión de las "casas malditas". En "Profondo Rosso" (1975) una enorme y angustiante villa del siglo XIX, llamada en la película "la villa del niño que grita", sirve de escenario para los truculentos antecedentes en los que se basa la historia del film; en "Suspiria" (1977) ambientada en un tétrico y misterioso colegio femenino donde cada rincón oscuro y cada puerta entreabierta revelan horribles secretos; e finalmente en "Infierno" (1980) donde toda la vicisitud gira en torno a las tres moradas malditas ubicadas en los tres ángulos del mundo y habitadas, según la leyenda, por las "Tres Madres del Infierno".
Llegamos así a 1982, el año en que sale la más famosa y copiada película sobre casas de todos los tiempos, es naturalmente "La Casa" (Evil Dead) de S. Raimi, película de debut de un talentoso cineasta italoamericano que involucró a amigos y conocidos en esta producción, que resultó ser un éxito planetario. Lo que destaca de esta película no es la historia, bastante simple y predecible, sino lo que Raimi tiene el "coraje" de mostrar: cuerpos desmembrados y despedazados, mutilaciones horribles, cadáveres hechos pedazos. Es un muestrario de atrocidades de gran impacto visual, todas realizadas con excelentes efectos de maquillaje que costaron muy pocos dólares. Hay que destacar cómo en esta película el factor "casa" se representa en ambas sus valencias, es decir, tanto como refugio de los horrores externos, representados en el film por los espíritus malignos que provienen del bosque, como lugar horrible, poblado por criaturas pavorosas, del que intentar huir. Otro aspecto interesante es la capacidad del director de "transformar" una pequeña cabaña de campo con pocas habitaciones en una vivienda cuya extensión real no se logra comprender; desde afuera parece un pequeño chalet, pero una vez adentro se cuentan innumerables habitaciones.
Después del gran éxito de esta producción, las películas sobre "casas" comenzarán a ser muy populares. El mismo Raimi dirigirá otros dos capítulos de su saga con "La Casa 2" (1987) y "El ejército de la oscuridad" (1992), ambas "contaminadas" por elementos más claramente cómicos. Cabe señalar que en Italia a finales de los años ochenta, precisamente en la estela del éxito de la saga de "Evil Dead", Joe D'Amato decidió producir tres películas sobre el tema de las moradas malditas: "La Casa 3 - Gosthouse" de Lenzi, "La Casa 4 Witchcraft" de Laurenti y "La Casa 5" de Fragasso; no es casualidad que las tres películas tuvieran "La Casa" en el título, la intención declarada era la de atrapar a algunos espectadores más haciéndoles creer que se trataba de secuelas de la película de Raimi.
También merece mención "La casa de Mary" de J. Robertson, que narra la historia de una casa infestada por el espíritu de una bruja, quemada viva hace mucho tiempo; la misma casa con sus partes, sus muebles, sus electrodomésticos representa una amenaza para los habitantes. Son particularmente memorables dos secuencias: en la primera, justo al comienzo de la película, un chico es partido por la mitad por el cierre repentino de una ventana mientras intentaba escapar; en la segunda un sacerdote es asesinado por la hoja de una lijadora que, escapando del control de un trabajador, se clava en su cabeza.
Para terminar esta breve excursión sobre las "casas" en el horror, se puede hacer un rápido repaso de películas que tienen en el centro de su historia un lugar infestado o particularmente aterrador, que sin embargo no es necesariamente una casa. Parece que ninguna construcción se salva; cualquier tipo de edificio ha sido blanco de los directores de horror: restaurantes ("El restaurante en la esquina" de J. Kong), discotecas ("Vamp" de R. Wenk), locales nocturnos ("Del atardecer al amanecer" de R. Rodriguez), cines ("Demonios" de L. Bava), lugares de culto ("La iglesia" de M. Soavi), edificios de apartamentos enteros ("El demonio bajo la piel" de D. Cronenberg) e incluso el museo más famoso del mundo en el reciente "Belfagor - El fantasma del Louvre".
Los hoteles merecen un capítulo aparte; ¿cómo olvidar el motel Bates de Psicosis o el hotel Overlook de El resplandor, dos de las páginas más importantes de la cinematografía de horror mundial. Parece que, después de un período de crisis, recientemente esta línea está ganando terreno nuevamente, gracias a nuevas megaproducciones de Hollywood como la ya mencionada "Haunting", "El misterio de la casa en la colina", "Los otros" y "Session 9". Las cuatro películas deben dividirse en dos grupos: las primeras dos son dos horrors discretos, más atentos sin embargo a la taquilla que a resultar verdaderamente aterradores. Se trata en ambos casos de dos remakes: "Haunting" de la ya mencionada "La mansión de los espíritus" de Robert Wise, mientras que "El misterio de la casa en la colina" de "La casa de los fantasmas" con Vincent Price, y en ambas películas el elemento más logrado es precisamente representado por la ambientación: en una lúgubre y majestuosa morada la primera, en un ex hospital psiquiátrico la segunda; y en ambos casos las "moradas" son en parte reales en parte reconstruidas con modernas técnicas digitales, y este es el factor más negativo.
Las otras dos películas en cambio, "Los otros" y "Session 9", representan una grata sorpresa. En la película de Amenábar una majestuosa mansión colonial sirve de escenario a una historia lúgubre y oscura, inspirada en clásicas historias de fantasmas como "Suspense" o "Carnival of Souls". La segunda es una suerte de "nuevo" "El resplandor" que no cuenta con un gran elenco pero que logra ser de seguro impacto, especialmente gracias a la excelente localización elegida para la película. El director Brad Anderson, mientras conducía en las afueras de Boston, divisó el Hospital Psiquiátrico de Danvers, una estructura de finales del diecinueve, abandonada a principios de los años ochenta; su aspecto decisivamente tétrico, capaz de crear ansiedad solo con mirarlo, lo convenció inmediatamente de que sería perfecto como escenario para la ambientación de una película de horror, y así fue.
Estas últimas producciones han redescubierto el mito de las "moradas malditas"; la esperanza es que se continúe por la senda trazada y se evite que fantásticos efectos especiales y técnicas digitales espectaculares ocupen el lugar de la imaginación y la fantasía del espectador.
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