El fenómeno en cuestión es difícil de definir, no puede ser visto como un simple género cinematográfico, de hecho es un elemento que caracteriza y contamina más categorías cinematográficas, entre las más diversas, desde el western al horror; aunque es sobre todo en este último tipo de películas donde lo encontramos más a menudo. Hay dos tipos de horror-splatter: el que es tan exagerado que se vuelve grotesco, irónico, casi cómico (un ejemplo para todos es "Los cerebros fritos" de Peter Jackson) y el que es sombrío, realista, de horror puro (ver "Buio Omega" de D'Amato).
El horror-splatter comenzó a hablar de sí mismo alrededor de los años 60, antes de ese período, de hecho, nadie se había atrevido a mostrar escenas violentas, sangrientas, truculentas en obras cinematográficas, aunque este "gusto por lo transgresor" ya podía presumir de un precedente de todo respeto en el teatro Grand Guignol de París, donde efectos de shock, especialmente a base de abundantes dosis de sangre artificial, se usaban copiosamente para aumentar la tensión en el espectador.
Pero hablemos del cine en 1963, el director Herschell Gordon Lewis, dirigiendo "Blood Feast", dio inicio a la tradición horror-splatter mundial; considerado el primer film splatter de la historia, "Blood Feast", rodado en solo doce días, tuvo un éxito clamoroso para la época, abriendo el camino a una nueva tendencia estilística. A pesar de los rudimentarios efectos especiales disponibles, Lewis logró crear escenas de gran impacto visual, especialmente para un público no acostumbrado a ver ríos de sangre en la pantalla, entre las cuales se destaca la extracción violenta de un ojo y el corte de una lengua.
Aprovechando este éxito, el director rodó otras dos películas entre 1964 y 1965, "2000 Maniacs", en la que algunos fantasmas masacran a los habitantes de una ciudad, y "Color me blood red" en la que un pintor mata a jóvenes mujeres para usar su sangre como color para sus cuadros. Con estas dos películas, Lewis abre definitivamente el camino al nacimiento del cine splatter.
Algunos años después, otro cineasta americano, Andy Milligan, comienza su carrera en este género: con "The ghastly ones" (1969) una película que nos muestra una serie de masacres que ocurren en una villa del siglo XIX por motivos hereditarios, y luego con "La cámara de la tortura" (1970), la historia de un noble inglés que busca obtener una sustanciosa herencia eliminando a todos los parientes que lo preceden en la línea dinástica mediante un misterioso verdugo encapuchado. Pero lo mejor de sí (se hace por decir) Milligan nos lo ofrece con la siguiente "L'invasione degli ultratopi", en la que en una historia de hombres lobo se insertan improbables ratas asesinas, solo para emular el éxito de "Willard y los ratones" de Daniel Mann. El resultado es una película con una trama por decir lo menos inverosímil, interesante solo por las escenas truculentas que abundan en la película.
Pero es 1968 el año en que se realiza la película que cambia la historia del splatter, y marca de manera indeleble toda la cinematografía mundial. La película en cuestión es "La noche de los muertos vivientes" de George A. Romero que, aunque no es en color, característica casi indispensable de los splatter movies, contiene escenas de rara violencia, entre ellas extracciones de intestinos, mordiscos sangrientos en cuerpos vivos, putrefacción de carnes, entrando de pleno derecho entre las películas de género. De ahora en adelante todos los directores de género tendrán que lidiar con este clásico.
Extraño pero cierto, una película de la época que nos regala algunas de las escenas splatter más violentas jamás vistas es un hermoso western titulado "Soldado Azul" de Ralph Nelson (1970) en el que, durante la secuencia final donde asistimos al ataque de los soldados americanos a un pueblo Cheyenne, nos muestran secuencias que, por su crudeza y su absoluta verosimilitud con la realidad, pueden ser tranquilamente comparadas a las imágenes más duras de splatter-movie: mujeres torturadas y horriblemente mutiladas, niños decapitados, jóvenes a los que se les amputan piernas y miembros y matanzas masivas.
Para permanecer en la línea splatter-snuff de los años 70, cómo no mencionar la película escándalo de Michael y Roberta Findlay titulada precisamente "Snuff", en la que hay secuencias de tal crudeza y verosimilitud que pueden ser tomadas por reales, tanto que han creado no pocos problemas a los directores, incluso en sede penal; y aún "Last house on dead end street" (1977) de Victor Janos, que narra la historia de un director que, deseoso de rodar un snuff-film, atrapa y luego tortura hasta la muerte a dos productores que habían intentado engañarlo; y finalmente "No abras esa puerta" (1974) de Tobe Hooper, donde una familia de carniceros maniáticos descuartiza, para luego devorar, cualquier víctima desprevenida que les caiga en las manos. Aunque, a decir verdad, esta primera película de la saga (hasta ahora tenemos 4 episodios) no presenta un gran número de escenas splatter, sigue siendo, sin embargo, una etapa fundamental en la filmografía de terror de la época.
Antes de pasar a los años ochenta que vieron primero la consagración del género splatter y luego su lento declive, se debe abrir un rápido excursus sobre el splatter made in Italy. La sangre comenzó a correr en las películas italianas gracias al maestro Mario Bava que, con el violentísimo thriller "Sei donne per l'assassino" (1960), inauguró la tradición splatteresca italiana. Su siguiente "Reazione a catena" exacerbará aún más las características del thriller de tonos fuertes, con asesinatos violentos en serie e imágenes que dejan poco a la imaginación del espectador mostrando, con lujo de detalles, cuerpos torturados y desmembrados. El discípulo más ilustre (aunque definirlo así es, por decir lo menos, restrictivo) de Bava es sin duda Dario Argento que, continuando en la estela trazada por el maestro, dirige algunos de los giallos más violentos de la historia del cine mundial; su obra maestra "Profondo rosso" cuenta con una serie de asesinatos y muertes violentas, capturadas con ojo atento por la cámara, que no tienen nada que envidiar a algunas de las películas splatter más brutales de todos los tiempos. Pero los dos directores que en Italia llevaron el splatter a los niveles más altos, tanto técnicos como artísticos, teniendo también en cuenta la escasez de medios con los que a menudo se vieron obligados a trabajar, son sin duda Lucio Fulci y Joe D'Amato. Algunas de sus obras nos regalan secuencias de verdadera antología del cine splatter: ¿cómo no recordar la escena en la que una chica vomita sus propios intestinos en "Paura nella città dei morti viventi" de Fulci, o el desmembramiento a mordiscos del feto de una embarazada Serena Grandi en "Antropophagus" de D'Amato, y aún más los cuerpos hechos pedazos por el protagonista de "Buio omega" del mismo D'Amato y la famosa secuencia en la que se clava el ojo de Olga Karlatos con una astilla de madera en "Zombi 2" de Fulci. Nadie, después de ellos, ha logrado alcanzar los niveles transgresivos y sanguinolentos de su cine.
Con los años ochenta, como se ha dicho, el splatter asciende a un papel de todo respeto en el cine mundial. Dos películas en particular, gracias a su mega-éxito planetario de público y, por una vez, también de parte de la crítica, llevan este particular género a la ribalta. Estoy hablando de "Zombi" (1979) de Romero que dispensa a profusión escenas de una violencia desconcertante a base de cabezas que explotan, heridas que "vomitan" sangre, vísceras devoradas, amputaciones impresionantes en una orgía de sangre perfectamente realizada por el "mago" de los efectos especiales Tom Savini; y luego de "La casa" (1982) de Sam Raimi que, costando solo 350.000 dólares, ha desbancado las taquillas de medio mundo, convirtiéndose en un culto para muchas generaciones; putrefacciones, amputaciones, descuartizamientos, disolución de cuerpos enteros, todo realizado con efectos bastante caseros pero absolutamente desbordantes y adecuados al caso, han decretado el éxito de esta película. Estamos a principios de los años ochenta, el período de oro del cine splatter y, a la estela de las dos obras maestras de Romero (que en 1985 dirige el tercer y último capítulo de la saga zombi con el muy splatter pero menos logrado "El día de los zombis") y Raimi, nacen una serie de películas más o menos importantes y más o menos logradas que imitan sus ambientaciones, la trama y la predominancia de escenas violentas y sangrientas; entre estas hay que citar la saga de "El regreso de los muertos vivientes" (1984) de Dan O'Bannon y el muy splatter "Demonios" de Lamberto Bava, ambos deudores del clásico de Romero, "La casa de Mary" (1982) de J. Robertson y la irreverente serie de "Basket case" (1981) de F. Henenlotter; todos buenos horrores que dispensan escenas gore y splatter a manos llenas.
A mediados de los años ochenta, una pareja de productores-directores se destaca en este género regalándonos al menos cuatro películas que entran de pleno derecho en la lista de los mejores splatter del período, se trata del mítico dúo formado por Stuart Gordon y Brian Yuzna a quienes se deben películas como "Re-Animator" (1985) y "From Beyond" (1986) dirigidas por Gordon y "Re-Animator 2" (1989) y "Society" (1989) rodadas por Yuzna. En particular, en los dos capítulos de la saga de Re-Animator, que narran la historia de un médico loco que realiza experimentos en cadáveres y partes mutiladas del cuerpo en un intento de devolverles la vida, no faltan secuencias de splatter de muy alto nivel con manos amputadas, decapitaciones, autopsias, desentrañamientos y hasta ensamblajes de partes diferentes de cuerpos todo ello con el fin de formar seres abominables. Al final de los años ochenta, el gusto del público cambia, los espectadores se han acostumbrado a ver escenas violentas incluso en la televisión y las llamadas secuencias splatter de las películas de terror comienzan a no escandalizar más, por eso se va hacia el exceso comenzando a mostrar cualquier tipo de indecencia y eficiencia posible para escandalizar nuevamente el sentido del pudor del público; pero tal exageración hace inevitablemente caer en el ridículo y así va afirmándose poco a poco el género splatter-demencial.
En esta situación, un papel protagonista se lo corta una recién nacida casa de producción americana, la "Troma" que en poco tiempo asciende al rol de líder del mercado del horror splatter-comico. Dirigida por el productor-director Lloyd Kaufman, la Troma se convierte en una verdadera y propia icona del cine independiente, regalándonos algunos de los splatter demenciales más excesivos e irreverentes del período, entre los que destaca el celeberrimo "The toxic Avenger" dirigido por el mismo Kaufman. Pero el director que más que cualquier otro ha sabido conjugar a la perfección la demencialidad más absurda y el splatter más extremo es, sin duda, el neozelandés Peter Jackson que con dos de sus "obras" ha llevado este género a los niveles más altos. En primer lugar, "Bad taste" de 1987, un delirio de horrores con despojos y líquidos asquerosos de todo tipo, a través de los cuales, en clave irónico-grotesca, nos cuenta la historia de algunos improbables alienígenas que invaden la tierra para alimentarse de carne humana; pero sobre todo es con "Splatters - los cerebros fritos" ("Braindead") de 1992 que Jackson pasa el límite del pudor: la media hora final es una sucesión de despellejamientos, evisceraciones, despojos, sangre y todo tipo de asquerosidades que se te puedan ocurrir. Tan exagerado que se merece el título de película más splatter de la historia del cine mundial.
Pero la película de Jackson representa un poco el canto del cisne del género splatter demencial y también del mismo splatter en general, en los años noventa se cuentan con los dedos de una mano las películas que pueden ser comprendidas en este género, entre las cuales la única digna de mención es "Return of the living dead III" de Yuzna. Parece que el gusto del público esté ahora lejos del género splatter, convertido en un fenómeno de nicho, amado sobre todo por los más jóvenes o por los apasionados del horror. Así proliferan las producciones semi-amateur que obtienen un buen éxito sobre todo en algunos países nórdicos, como Alemania, o en Japón; entre estas producciones hay que citar la serie "Violent shit" de Andreas Schnaas, la serie "Nekromantik" de Jorg Buttgereit y aún los "Tetsuo" de Tsukamoto. Películas "extremas" en las que la trama es poco más que un pretexto para mostrar escenas violentísimas, al límite de la decencia, a menudo ligadas a violaciones o escenas de sexo violento, que ahora tienen poco que ver con el "splatter" clásico. La esperanza es que se pueda volver al espíritu original del splatter, y que este género no evolucione hacia películas que muestran "solo" secuencias de violencia repetitiva sin alguna historia, o algún nexo lógico.
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