A finales del siglo XVII, mucho antes de la invención de la fotografía, un científico llamado Fumagalli estaba obsesionado con la idea de la reproducción de las imágenes. A lo largo de sus experimentos descubrió la “tanatografía”, por la cual es posible reproducir en un soporte sensible la última imagen fijada en la retina de una víctima, extrayendo sus globos oculares justo después de su muerte. Sus experimentos justificaron sus crímenes, pero una vez descubierto, Fumagalli fue condenado a muerte y ajusticiado. Sin embargo, esos mismos crímenes y esos mismos rituales parecen repetirse en nuestros días, sembrando el pánico en una escuela internacional de cine...
En la escuela internacional de cine "F. W. Murnau" los estudiantes están enfrentando una serie de tareas de fotografía cuyo resultado llevará a la elección del ganador del título de "Director". Buscando un sujeto para fotografiar con el tema "Tiempo", Bruno tiene una visión en la que aparece un joven suicida que acaba de arrojarse desde los altos pisos del edificio. Esta aparición, sin embargo, no es un caso aislado y el joven se aparece a Bruno varias veces, como si quisiera decirle algo. Descifrando las indicaciones del espectro, el chico descubre una caja que contiene el thanatoscopio, una máquina creada en el siglo XVII por el alquimista Girolamo Fumagalli y capaz de capturar la última imagen impreso en la retina de un moribundo. A partir de ese momento en la escuela comienzan a ocurrir extraños hechos de sangre.
Hace algún tiempo el panorama cinematográfico italiano parece interesarse nuevamente en el cine de género. Los primeros pasos se han dado en la comedia, donde se ha intentado dar continuidad a películas de culto de los primeros años 80, con resultados satisfactorios para el box office pero por lo más embarazosos desde un punto de vista cualitativo. Algún paso se ha movido también en el campo del policial, durante años fagocitado por la televisión, pero reexplorado en el cine por profesionales como Soavi y Placido con resultados decididamente más que buenos. ¿Podía faltar el horror? Obviamente no. Así que entre viejas glorias que aciertan pero de las que se ha hablado poco (Pupi Avati) y otras que arriesgan el linchamiento de los fanáticos (Dario Argento y Lamberto Bava), también se inserta la oportunidad de una distribución en grande para un casi principiante, Stefano Bessoni, que con "Imago Mortis" intenta el verdadero golpe de gracia. Intenta, sin embargo, porque a la postre el golpe no ha sido exitoso.
El cuarentón Bessoni, ex dibujante de cómics, profesor de cine, guionista y hasta técnico de efectos especiales, dirige "Imago Mortis" intentando reunir en una sola película todo su amor por el cine. En su segunda obra después de "Fragments of Inexact Sciences" (thriller científico de 2005 que lamentablemente nunca llegó a las salas), Bessoni escribe y dirige un horror que guiña un ojo al expresionismo alemán, al gótico de los años 60, al thriller conspirativo y paranoico al estilo Polanski, al giallo-horror italiano de los años 70 y a las ghost stories de la última década. Una mezcla tan arriesgada como apetecible. Lamentablemente, sin embargo, no todo sale como se espera en este largometraje y a menudo los defectos son más evidentes que las virtudes.
El juego citacionista y cinefilo es inmediatamente evidente y legible en dos niveles. Por un lado tenemos la cita clara y nominal, aquella que nos hace reconocer de inmediato el homenaje al expresionismo con los nombres de Murnau (la escuela) y Caligari (el apodo del profesor), o al cine de género de los años 70, especialmente el de Argento, con los nombres de Nicolodi (histórica actriz y ex compañera de Dario Argento, aquí nombre de la conserje de la escuela), Fumagalli (el nombre del alquimista que suena muy cercano al Fulcanelli de "Inferno") y naturalmente el thanatoscopio que tanto evoca el fantasmagórico método usado en "Cuatro moscas de terciopelo gris" para desenmascarar al asesino. Pero el amor cinefilo de Bessoni se nota también a un nivel más subcutáneo, en la misma realización formal de la obra que captura la atmósfera gótica de algunos clásicos de la Hammer y del cine de Freda, especialmente en las escenografías, así como algunos movimientos de cámara e imágenes que remiten directamente a la lección expresionista. ¿Cómo no notar luego una construcción de la tensión que parece derivar directamente de la ghost story de última generación (la cita verbal a "El sexto sentido" vuelve aquí al nivel cutáneo), incluidos saltos sonoros? En resumen, la pasión está toda ahí, es evidente, y también la puesta en escena es de esas realmente cuidadas y refinadas. Lo bueno es que Bessoni también sabe moverse muy bien detrás de la cámara, hay mucha elegancia y un estudio meticuloso para cada detalle, así como loable es la elección y el uso de las, a veces decadentes, escenografías (obtenidas de un hospital en desuso y de los estudios Lumiq de Turín) y el cuidado de la fotografía, obra de Arnaldo Catinari.
¿Entonces qué no convence en lo que parece ser una película con todas las cartas sobre la mesa? En primer lugar, la historia, o mejor dicho, la forma en que ha sido desarrollada. Las ideas de la thanatografía y la construcción a veces meta cinematográfica eran excelentes, sin duda merecedoras de atención, pero el argumento de "Imago Mortis" logra relegarlas a un segundo plano para privilegiar la poco creíble inmersión en la locura del protagonista y la ridícula historia de fantasmas que lo rodea. Se ha hecho público que el guion tuvo una realización muy problemática, comenzando por la colaboración de cinco guionistas (además del mismo Bessoni, Luis Berdejo, Richard Stanley, Marcello Paolillo y Giulia Blasi) y luego reescrito en poco tiempo (dos semanas, se dice) por Bessoni y el español Berdejo. Y de hecho, la confusión que imaginamos flotaba durante la fase de escritura se siente en el producto final donde se nota una palpable indecisión sobre el camino a tomar para el argumento. Hay una fase preparatoria demasiado larga que intenta (malamente) profundizar en el protagonista, su pasado y sus relaciones interpersonales, llena de una historia de "miedo" que juega todo en las inútiles apariciones del fantasma, que molestas evocan las ghost stories asiáticas. Luego está el descubrimiento de este thanatoscopio, y la cosa comienza a hacerse interesante, pero el tema es rápidamente relegado a soporte de nuevas frustraciones mentales del protagonista y nuevamente por las intrusivas apariciones de los fantasmas. Nuevo cambio de registro, se vuelve al thanatoscopio, pero esta vez se contamina con el thriller, con tanto de asesino culpable y motivo. Por lo tanto, se nota mucho que la película sufre de esquizofrenia, dada por un alma clásica y dictada por las influencias del cine pasado (¿será el alma bessoniana?) y otra dedicada al susto fácil con la evitabile contaminación del cine de sustos ectoplasmáticos más modernos (culpa de Berdejo?)
"Imago Mortis" luego carece impresionantemente de ritmo, hay un girar en vacío preocupante que corre el riesgo de cerrar los párpados del espectador, una injustificable falta de compromiso con la historia e identificación con los personajes. En este sentido, probablemente, la simplificación de la historia y la reducción de la duración habrían ayudado.
El reparto hace su trabajo sin infamia y sin lodo, se pueden reconocer los rostros de Geraldine Chaplin ("Hable con ella"; "El orfanato"), Francesco Carnelutti ("El código Da Vinci"; "El escondite") y Alex Angulo ("Acción mutante"; "El laberinto del fauno") y conocer los de Oona Chaplin ("Quantum of Solace") y Leticia Dolera ("[REC] 2"). Quien no convence en absoluto es Alberto Amarilla ("Mare dentro"), en el papel del protagonista, siempre indeciso entre sonrisas dulces a su amiga Arianna (incluso en los momentos menos oportunos) y expresiones de cachorro golpeado, con tanto de ojitos llenos de lágrimas.
"Imago Mortis" se presenta así como un bello ejercicio de estilo que pueda hacer conocer el talento estético-técnico del director, pero sufre de tantas "turbulencias" narrativas que hacen pensar en una bella oportunidad perdida. Esperemos que poco a poco el cine de género italiano vuelva a producir una buena cantidad de títulos productivamente relevantes tanto como para ser competitivo; "Imago Mortis" es solo un pequeño paso en lo que sin embargo se perfila como una larga caminata.
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