Año 2041. En un futuro no muy lejano, los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas. Álex, un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene con un encargo de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot. Durante su ausencia, su hermano David y su novia Lana se han casado. La rutina de Álex se ve alterada de forma inesperada por Eva, la hija de Lana y David, una niña especial, magnética, que desde el primer momento mantiene una relación de complicidad con Álex. Juntos emprenderán un viaje que les precipitará hacia un final revelador.
En un futuro no muy lejano, la investigación en robótica se está adentrando en el diseño de ejemplares que reproduzcan en todo las características humanas. El ingeniero cibernético Alex Garel, recientemente regresado a la casa paterna en Santa Irene, de la que llevaba más de diez años ausente, sostiene la posibilidad de que un robot pueda desarrollar recuerdos y quizá un alma y está en busca de un niño que pueda servir de modelo para su prototipo de robot, encargado por una empresa de robótica. Alex, sin embargo, no logra encontrar al niño ideal porque los que le proponen, en su opinión, son aburridos. Un día Alex conoce fuera de una escuela primaria a Eva, una niña especialmente curiosa y extrovertida, y decide que será ella el modelo para su robot. Pero pronto Alex descubre que Eva es su sobrina, hija de la mujer de la que él estaba enamorado en la universidad y que finalmente se casó con su hermano.
España en los últimos años ha dado pasos de gigante, cinematográficamente hablando. A pesar de una situación económica que refleja crisis incluso en el país de la movida, la industria cinematográfica está en gran efervescencia productiva con una consolidación del sistema de géneros capaz de hacer competencia a Hollywood y superando cualitativamente el producto estadounidense con facilidad.
"Eva" representa la incursión ibérica en el filón robótico de la ciencia ficción, además del debut en largometraje del director Kike Maillo. Un filón que tiene parientes ilustres en la cinematografía americana del pasado más o menos reciente, pero pocas piedras de comparación en la tradición cinematográfica española y quizá también europea.
Con más de alguna similitud con "A.I. - Inteligencia Artificial" de Steven Spielberg, del que toma la idea de la centralidad del robot infantil y la búsqueda de humanidad incluso en un ser cibernético, "Eva" logra desarrollar un discurso muy personal y profundo que pone las relaciones humanas en el centro de la trama. La historia de Alex Garel, interpretado por un excelente Daniel Brühl ("Inglourious Basterds"; "Intruders"), ingeniero herido por las renuncias y quizá por las malas decisiones tomadas en el pasado, está bien articulada y conmovedora en sus desarrollos. Al poner a Alex como protagonista, en lugar de su criatura/creación, se logra dar un punto de vista inédito sobre el asunto, diferenciando así "Eva" de películas similares que hablan de robots y sentimientos. Alex Garel es una especie de Frankenstein moderno, obsesionado con la búsqueda de la perfección y la creación de un ser que represente un ideal lejano a él. Obviamente, como suele ocurrir cuando se juega a sustituir a Dios, esto conlleva consecuencias que adquieren connotaciones trágicas que en "Eva" se traducen en una segunda parte que se tiñe de melodrama. El cambio de tono en la película de Maillo es bastante inesperado y, aunque representa una evolución perfecta de la historia, puede desconcertar al espectador a primera vista. Los giros no son realmente tales, pero los enredos, las renuncias, las pérdidas y las decisiones representan un ejemplo de excelente narración emocional. El guion de Sergi Balbel se estructura clásicamente en tres actos, cada uno de los cuales bastante reconocible en el camino que el protagonista recorre en la historia, pero el uso inteligente de los sentimientos y la excelente construcción de los personajes, no solo los principales, hacen de "Eva" una joya de escritura y puesta en escena.
Muy buena la idea de no abandonarse al estereotipo de ciencia ficción de lugares y tiempos futuristas. No hay una ubicación temporal precisa en la que se ambienta la película, el espectador presume un futuro no muy lejano, visto el tema tratado, pero no tenemos ninguna datación. Los hombres conviven con los robots, utilizándolos como animales domésticos o colaboradores en las tareas cotidianas y una ley regula su coexistencia con los humanos, pero la trama de "Eva" se desarrolla en un escenario del todo similar a nuestro presente, sin ningún tipo de exceso tecnológico que lo caracterice, salvo los robots, naturalmente. Nada de máquinas volantes, vestimenta excéntrica y arquitectura exageradamente vertical, más bien la ubicación en la que se ambienta la película es un pueblo normal de provincia, envuelto en el campo y tocado por la nieve. Un lugar fuera del tiempo que produce un extraño efecto así como es, vinculado a una trama de ciencia ficción, excelente recurso oxímorico que logra distanciar esta película de sus epígonos y antecesores.
La búsqueda de un alma también allí donde no podría/debería haberla es un poco el leit motiv de la película. Garel está convencido de que incluso un organismo cibernético es capaz de desarrollar y conservar recuerdos y el cerebro holográfico de sus criaturas, compuesto sugerentemente por sinapsis que como cofres contienen destellos de vida del robot, es la demostración visual. Obviamente la de Garel no es una certeza, sino una búsqueda de la verdad, una continua puesta a prueba que pueda refutar su tesis. ¿Qué ve un robot cuando cierra los ojos? ¿Se le abre un mundo hecho de recuerdos como le ocurre al hombre? Alrededor de esta pregunta se construye la obsesiva búsqueda de Garel, que quizá encontrará una respuesta en la sugerente imagen que cierra la película.
En el reparto de "Eva", además del ya mencionado Daniel Brühl, está la bella y talentosa Marta Etura, vista recientemente en otras obras maestras ibéricas como "Celda 211" y "Bed Time", y obviamente la joven Claudia Vega, que da vida a la carismática Eva, musa inspiradora del nuevo Frankenstein en la empresa de crear un robot más humano que los humanos.
"Eva" es, pues, un hermoso viaje, en parte introspectivo y en parte del todo material, en el inexplorado mundo de la ciencia ficción española, un excelente ejemplo de cómo se puede contar una bonita historia sin abandonarse a espectaculares efectos especiales y tramas excesivamente enrevesadas, sino haciendo hincapié simplemente en las emociones.
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