Tendrá lugar en la ciudad surfera de Luna Bay, California, donde los vampiros se dedican a acabar con cualquiera que se cruce en su camino. A ese mundo oscuro llegará Chris Emerson y su hermana pequeña Nicole. Tras perder a sus padres en un accidente de coche, ellos se mudaron a vivir con su excéntrico tío Jillian. Una noche, Nicole entrará por accidente a un local lleno de vampiros y será mordida. A partir de ese momento, Chris tratará de localizar y destruir a la banda de chupa sangre antes de que la transformación de su hermana se complete. Para ello, Chris buscará la ayuda de un experto: Edgar Frog
Chris y Nicole, tras la muerte de sus padres, se mudan a casa de su tía en Luna Bay, una ciudad costera llena de surfistas. Una noche, mientras salen a divertirse, Chris y Nicole conocen a Shane, un misterioso y encantador surfista que rápidamente seduce a la joven Nicole. Shane, en realidad, es el líder de una feroz banda de vampiros que cada noche siembra el pánico en las calles de la ciudad. Determinado a salvar a su hermana, que es todo lo que le queda, Chris no tiene más remedio que contratar al experto cazavampiros Edgar Ranocchio y matar a Shane y a toda su banda de vampiros surfistas.
Más de veinte años después del primer film, convertido con el tiempo en un pequeño objeto de culto para una amplia legión de fans, llega directamente al circuito del home video "Lost Boys: The Tribe". Una operación movida por intenciones puramente nostálgicas y para hacer felices a los fans del film de Schumacher, no hay duda, ya que realizar un secuela a distancia de tantos años y destinarla directamente al consumo en videoteca sin pasar por la sala no es ciertamente un indicio de especulación económica y maniobra comercial.
Intenciones sin duda nobles y apreciables las que han llevado a la realización de una secuela para "Los Chicos Perdidos", pena solamente que lo
que ha salido es un inocuo producto sin infamia y sin lode no a la altura de mantener un enfrentamiento directo con el precedente (pero esto ya lo podíamos esperar) y destinado desafortunadamente a ser olvidado en un lapso de tiempo bastante breve.
La única "astucia" que se esconde detrás de todo esto, pero comprensible al menos en parte, es la de intentar realizar una película que, a pesar de la evidente matriz de secuela, pudiera ser adecuada para un público bastante amplio: tanto para aquellos que han visto "Los Chicos Perdidos" como para aquellos que no lo han visto. De esta manera se ha intentado obtener una secuela que, por muchos aspectos, podría resonar como un remake y capaz de limitar los vínculos con el antecesor a pocos elementos secundarios y ser, en consecuencia, lo más autónomo posible.
Una historia nueva, entonces, con personajes principales nuevos que actúan en una ciudad que no es la Santa Carla que conocimos en el film de Schumacher. Los vínculos con el primer film son pocos, todos limitados principalmente a la presencia en escena de Corey Feldman, nuevamente en el papel
de cazavampiros Edgar Ranocchio (impresionante cómo para él el tiempo parece no haber pasado) que, para la alegría de los fans, en una escena, cuando está ocupado explicando a Chris los varios modos en que pueden morir los vampiros, se citará a sí mismo pronunciando exactamente las mismas palabras que utilizó veintiún años antes para explicar el mismo concepto al joven Sam. Otro guiño al film del '87 nos lo da un doble final (muy curioso, a juicio de quien escribe) insertado a mitad de los créditos finales en el que podemos volver a ver a Sam Emerson (interpretado nuevamente por Corey Haim) en unas "vestiduras" completamente nuevas e inesperadas enfrentándose a Edgar Ranocchio en una faida que presumiblemente se prolonga desde hace varios años. Los guiños al film anterior se detienen en estos pocos elementos, todo lo demás es una historia autónoma, pero con poca fantasía, que avanza manteniendo constantemente bajo observación toda la estructura del film anterior. Así que todos los personajes creados para "Lost Boys: The Tribe" nacen sobre la falsa línea de los presentados en el film de Schumacher (basta ver sobre todo el personaje de la tía, evidente "clon" del extraño abuelo de Michael y Sam) y también la historia narrada en esta secuela sigue al dedillo toda la evolución narrativa de "Los Chicos Perdidos".
Al timón del proyecto, esta vez, encontramos a P.J. Pesce (ya involucrado en una historia de vampiros con el despreciable "Dal Tramonto all'Alba 3") mientras en el elenco ningún nombre particularmente relevante, aunque merecen ser señalados: Tad Hilgenbrink ("American Pie: Band Camp", "The Hills Run Red") en el papel de Chis, Angus Sutherland en el papel del misterioso vampiro Shane…vale decir, el mismo papel que veintiún años antes fue de su padre y Tom Savini en un apreciable cameo al inicio del film.
Algo de avance, aunque sin atreverse mucho, en el departamento de gore/splatter (en el que el primer film se había mostrado muy tímido); notablemente en declive la calidad de la banda sonora que representaba uno de los mayores atractivos de "Los Chicos Perdidos".
Sin duda apreciable el intento de querer
reexplorar el universo vampírico de "Los Chicos Perdidos", pero desafortunadamente la total falta de fantasía en la base del argumento (no es suficiente la conversión de los motociclistas en surfistas) no logra conferir a la obra el mismo brío que tenía el film anterior.
Vedible, pero nada más.
Curiosidad: Los dos protagonistas de "The Lost Boys: The Tribe", Chris y su hermana Nicole, tienen el mismo apellido (Emerson) que Michael y Sam del primer film. No se especifica si existe alguna relación de parentesco con los personajes antiguos o si todo se limita a una simple cita.
En una escena de "The Lost Boys: The Tribe", posteriormente cortada, también hacía su aparición Alan Ranocchio, nuevamente llevado a la pantalla por Jamison Newlander.
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