Pietro Ferraro
โขEn la tierra, además del género humano, vive una especie de vampiros que, con los siglos, se han adaptado a nuestro modo de vida y se han transformado gradualmente copiando y absorbiendo modos y apariencia humanos. Viven entre nosotros, con nosotros, nos parecen en todo y por todo, pero cada noche buscan a alguien con quien puedan alimentarse. Una joven pareja, una noche como tantas otras, atropella a un hombre que resultará ser uno de los 12 asesinos entrenados para matar a estas criaturas. Lo llevan a su casa, lo alojan, y al día siguiente su vida cambiará radicalmente y un nuevo y aterrador mundo se abrirá ante sus ojos. Este producto de bajo presupuesto de origen canadiense tiene en su escasez de medios quizá su único punto fuerte. El cine independiente canadiense se está abriendo paso en el género de terror, cierto los resultados son discutibles, pero hay voluntad y un cierto entusiasmo, así como una cierta "locura" productiva que ayudará a muchos jóvenes talentos a surgir. Olvidémonos de los vampiros clásicos, con colmillos y ojos amarillos, esta es una raza de parásitos depredadores, similares a las cucarachas de "Mimic", imitan al ser humano para poder acercarse y alimentarse de él: más insectos que figuras legendarias. Una sociedad secreta fantasmagórica que reúne todas las religiones más importantes financia con dólares a cazadores mercenarios que, bajo el efecto de drogas y alcohol y armados con cuchillos, se encargan de reducir las filas de los chupasangres que infestan el mundo. Como habréis entendido, la historia posee cierta originalidad de fondo, el director Mark Tult ha tenido que suplir las evidentes incongruencias del guion con largos diálogos surrealistas y a veces tan pretenciosos que hacen escapar algunas risas, si no fuera porque el actor principal William Mcdonald en el papel de Martin hace todo lo posible por caracterizar a un "hijo de puta" duro de pelar con modales bruscos y el aire de un exsoldado fuera de sus cabales. Los otros dos protagonistas hacen un trabajo diligente y profesional, a diferencia de sus contrapartes subhumanas, sosos y anónimos. Por lo tanto, la película se sitúa en el nivel de lo observable, se cabecea sobre la filosofía de bar, se citan incluso a los filósofos griegos y los monólogos de Martin dejan perplejos; está claro que llenar todas las páginas de un guion teniendo a disposición pocos efectos, ninguna persecución y dos locaciones dificulta el trabajo del director que aquí también es guionista. Los vampiros son decapitados repetidamente en escenas de maquillaje ridículo, cabezas falsas de mala calidad y litros de sangre bombeados a más no poder, dos escenas en CGI casi inexistentes para mostrar cómo los vampiros se alimentan de nosotros humanos... tanto piensa Martin en describirnos todo con pelos y señales durante el monólogo interminable en casa de la pareja después del accidente. Los subhumanos del título se parecen todos, parecen los agentes Smith de "Matrix", lucen ridículas cabelleras y visten todos igual. En conclusión, a pesar de la excesiva longitud, los agujeros del guion y aunque estamos ante una película de serie Z que podría habernos hecho jugar con el avance rápido del lector de DVD, extrañamente la película nos acompaña hasta el final, cierto sin dejar mucha huella de sí, pero considerando las obscenidades que acompañan a los presupuestos millonarios, este "Subhuman" se puede ver bajo otra perspectiva.
Comentarios