Durante las vacaciones de primavera -Spring Break- un grupo de jóvenes viaja a una isla donde asisten a una fiesta rave. La misteriosa isla es llamada "de la muerte" y siglos atrás, cuenta la leyenda, un brujo experimentó con un elixir para burlar a la muerte. Los jóvenes, una vez en la isla, descubren que el brujo sigue vivo, y que se alimenta de los humanos que caen en sus manos. Ahora, atrapados en la isla, tendrán que usar cualquier arma disponible para luchar contra las hordas de zombies asesinos que están bajo el influjo del malvado hechicero.
Cinco amigos deciden celebrar el final de sus estudios yendo a una fiesta rave en la misteriosa Isla de la Muerte. Al llegar al muelle, se dan cuenta de que han perdido el barco y, dispuestos a todo para llegar a la isla, pagan al capitán Kirk para que los lleve a su destino. Pero en la isla no hay ninguna fiesta rave esperándolos, o mejor dicho, ya no. Todos los participantes de la rave han sido devorados por muertos vivientes sedientos de sangre, y ahora, los cinco jóvenes, se ven obligados a refugiarse en una decadente mansión para defender sus vidas.
Tras el éxito obtenido en las salas de cine por el poco logrado ÉResident EvilÓ (adaptación cinematográfica del famoso y homónimo videojuego de Capcom) dirigido por P. Anderson, Uwe Boll decide hacer la adaptación cinematográfica de otro videojuego de terror, ÉHouse of the DeadÓ, un juego de disparos (nacido a la sombra del juego de Capcom) lanzado para salas de juegos y Sega Dreamcast a finales de los años ¹90.
Con ÉHouse of the DeadÓ nos encontramos con una película que, si se considera de manera humorística, podría suscitar alguna risa en el espectador; pero si se considera en serio no puede hacer otra cosa que hacer fruncir el ceño a quien se ha topado con la visión de esta película.
Como suele ocurrir en una película de terror basada en un videojuego, lo que más molestará al espectador es la tendencia a querer mezclar demasiado dos géneros bien distintos, el terror y la acción, haciendo que esta última predomine la mayoría de las veces. Este ÉproblemaÓ se encuentra casi
en todas las transposiciones de famosos videojuegos de terror, pero en este ÉHouse of the DeadÓ, la cosa se vuelve demasiado relevante, llegando a irritar al espectador que no ama las películas que unen estos dos géneros. En ÉHouse of the DeadÓ, la acción está presente de manera masiva desde la primera hasta la última escena, en un crescendo de disparos y artes marciales que alcanzará su punto culminante en la secuencia en la que nuestros ÉhéroesÓ deberán llegar al interior de la casa, pero para hacerlo deberán enfrentar una horda de feroces zombis, ¿y cómo los enfrentarán? Lo harán a base de patadas, puñetazos, lanzando bombas y disparando a rachas con ametralladoras. También se debe señalar el insensato uso, en algunas escenas, incluso del bullet time, que nunca como en este caso resulta fuera de lugar.
Continuemos con la lista de defectos.
Decididamente errónea la idea de Boll de querer
acercar la película lo más posible a un videojuego insertando escenas intrusas (y poco fascinantes) del videojuego entre una secuencia y otra, e incluso la inserción (sin ningún criterio de lógica) de carretillas de cámara alrededor de algún personaje después de su respectiva muerte; como si se tratara de un concursante eliminado.
Apenas suficiente resulta también el nivel gore/splatter que se limita a algunas cabezas cortadas y miembros amputados (en su mayoría concentrados en el final) cuando, visto el material disponible, podría haber excedido en el splatter más puro ganando así puntos considerables.
Un mal trabajo se realiza también en la psicología de los personajes que, nunca como esta vez, aparecen terriblemente estereotipados y carentes de un mínimo de personalidad, algo que incluso los adolescentes de cualquier ÉViernes 13Ó podrían envidiar.
También el maquillaje de los zombis es poco convincente. En ÉHouse of the DeadÓ hay dos categorías de muertos vivientes: los monstruosos, putrefactos, lentos y de juguete que, en su ingenuidad, resultan simpáticos y se dejan apreciar; pero luego están los atléticos y que corren por el bosque, que tienen un maquillaje escaso, hecho solo por hacer, que no convence y no fascina en absoluto. El único
aspecto seriamente positivo de la película se encuentra en el look del villano final, el sacerdote Castillo (interpretado por David Plaffy), que se beneficia de un look intrigante y atractivo y que puede resultar incluso original; lástima que en la película haga muy poco.
Sobre el reparto, es mejor pasar un velo piadoso; los actores, en su mayoría poco conocidos, resultan decididamente incompetentes y particularmente antipáticos. Entre los tantos rostros desconocidos, los únicos conocidos son los de Jürgen Prochnow (el Sutter Kane de ÉEl semilla de la locuraÓ, aquí en el papel del capitán Victor Kirk) y Clint Howard (el heladero psicópata de ÉLos gustos del terrorÓ, aquí intérprete de Salish, rudo ayudante de Kirk).
Tampoco el director de esta película, el ahora famoso Uwe Boll (que en su carrera seguirá produciendo trabajos indecentes basados siempre en videojuegos como el pésimo ÉAlone in the DarkÓ), realiza un buen trabajo en la dirección, llevando adelante la obra de manera pasiva sin dar un mínimo de personalidad.
En conclusión, ÉHouse of the DeadÓ es un producto simplemente para olvidar y que se suma a las muchas películas embarazosas inspiradas en un videojuego, pero que, si se mira con una óptica humorística y despreocupada, logra entretener y quizá (en el mejor de los casos) divertir.
Merecería medio punto más por el componente ÉtrashÓ.
The dialogue is laughable, the acting is horrible, and the only thing worse than these two things is the direction. But I'll be damned if there isn't some genuinely fun practical effects sequences set to music on offer.
Final rating:★★ - Had some things that appeal to me, but a poor finished product.
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