Un grupo de jóvenes anarquistas acampa en un sitio donde están construyendo una autopista. Durante la noche son asesinados uno tras otro por un loco, quien es capturado por la policía al día siguiente. Mientras tanto, la escritora Susan, en crisis artística tras un fuerte agotamiento nervioso, se muda con su marido David a una gran casa en las afueras de Londres. Quedándose a menudo sola debido al trabajo de su marido en el centro, Susan comenzará pronto a ver personas desconocidas que deambulan por la casa y el jardín, empezando por el depravado guardabosques Peck.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado leyendo una trama así a lo largo de nuestra larga carrera como devoradores de películas de terror? Demasiadas.
A veces nos ha ido bien y el resultado ha sido digno de elogio. Todas las demás, como en el caso de "Psychosis", el resultado está muy lejos del umbral de la suficiencia.
La película comienza con un largo, más bien larguísimo prólogo de más de diez minutos en el que los jóvenes subversivos son masacrados por un loco. Terminada esta parte comienza la historia de Charisma Carpenter y su nueva casa a la que se ha mudado con su ambiguo marido, una parte completamente desconectada de los eventos del principio salvo por algunos flashes de Susan durante sus alucinaciones. Y luego llega el lío.
La primera parte, aunque sea un ejemplo banal de slasher filmado con poca atención a los detalles, tiene su sentido. A partir de la llegada de Susan, todo adquiere un aura de incompletud. Al principio se sigue el juego y las visiones de la mujer, inusuales para una película de terror (un chico que juega al fútbol solo en el patio de la casa, un hippy que pinta una ventana) despiertan curiosidad y parece que tienen algo que contar más allá de los fantasmas horripilantes que te hacen saltar de la silla. El problema es que estas visiones continúan a lo largo de toda la película, sin llegar a tener un papel real en la misma. Estas alucinaciones luego son más o menos explicadas en el final a "sorpresa" que habría sorprendido hace unos veinte años pero que hoy en día es estándar, es decir, predecible. Sin contar los muchos cabos sueltos que quedan por ahí, olvidándose de explicarlos al final.
Lo que falta por completo es un punto de giro en la historia. Se abren puertas, muchas de las cuales son inútiles, que quedan abiertas. Esto molesta al espectador que, después de pasar hora y media viendo las fantasías de Susan, tiene derecho a una explicación plausible de todos los eventos que le han sido mostrados en ese tiempo.
Muchas, demasiadas preguntas quedan sin respuesta. ¿Qué tiene que ver el prólogo? ¿Realmente ocurrió o no? ¿Y la figura de la jardinera que se presenta en la casa? No hablemos del misterioso guardabosques, que primero es pillado por Susan en actitudes poco románticas, luego amigo del marido y después de nuevo maniaco. ¿Y la fiesta a la que asiste David en un viaje de negocios?
Obviamente estos últimos son solo recursos para mostrar algunos momentos picantes, elementos que nunca hacen daño en una película de terror, si están insertados en la historia con un mínimo de sentido. Cosa que no ocurre en "Psychosis" por dos motivos sustanciales: primero, las escenas de sexo están del todo desconectadas de la trama (como la orgía en la que participa el marido de Susan, donde destaca solamente la chica sin bragas que se sienta en la mesa de cristal) y en segundo lugar no son ni siquiera lo suficientemente atrevidas para resultar provocativas. Paradoxalmente, la única escena explícita es un desnudo masculino.
Ni siquiera la actuación de los actores levanta el ánimo de la película. Es difícil definir a Charisma Carpenter como una buena protagonista, que por muy fascinante que sea, ha quedado en la actuación colegial en la que combatía vampiros en Sunnydale. El resto del reparto la sigue de cerca, añadiendo leña al fuego de la mediocridad.
No hay que hacerse demasiadas preguntas ante un guión que no tiene las respuestas. Si se tiene la paciencia de llegar hasta el final de la película, quizás algo positivo se podría encontrar. Pero son verdaderamente minucias que palidecen en medio de la confusión general.
Añadir media calabaza, solo para infundir valor a los autores.
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