Una tarde de sábado, Tim, de ocho años, y su madre Sarah serán escogidos por un demente taxista, Bob, a la caza de su próxima víctima. Para su horror, Tim presencia su primer asesinato, el asesinato de su madre. Pero no será el último. Bob mantiene a Tim como un esclavo, encerrándolo bajo llave y forzándolo a limpiar y enterrar los cuerpos de las jóvenes mujeres que lleva a casa. Ahora un adolescente, Tim comprende que se le permitirá tener cierta libertad si él se convierte también en un asesino. (FILMAFFINITY)
Una mujer y su hijo salen del cine y toman un taxi que los lleve a casa, pero el taxista los secuestra y los lleva a su casa fuera de la ciudad. El hombre mata a la mujer y encadena al niño con la intención de criarlo como su heredero y sucesor en la profesión de asesino. El tiempo pasa, el niño crece y su tutor/carcelero continúa su actividad de asesino, raptando y matando a jóvenes mujeres, hasta que un día el hombre decide que ha llegado el momento de que el chico cometa su primer asesinato.
“Chained”, o cuando el ámbito del “torture porn” tiene aspiraciones autorales.
Un género nacido de productos declaradamente comerciales – y seriales – como “Saw” y “Hostel” se encuadra difícilmente en el círculo del cine “alto”. En cierto sentido, solo Laugier con su “Martyrs” logró dar un sello decididamente autoral a una historia de torturas y sufrimientos con giros de splatter y ultraviolencia, por lo demás
calma chicha. Y no rescata las posibilidades de esta tesis ni siquiera “Chained”, el thriller con fuertes connotaciones dramáticas que Jennifer Lynch confecciona tras su renacimiento laboral. Como sugiere su apellido, Jennifer Lynch es la hija del conocido David, autor de obras maestras como “The Elephant Man” y “Velluto Blu”, una hija de artista que a los 23 años, bajo el ala productora de su padre, dirigió su primera película, el culto “Boxing Helena”, obra prima muy criticada que le costó a la directora más de diez años de inactividad. En su regreso al cine, a Lynch le va mal y el horror producido por Bollywood “Hisss” le es quitado de las manos, remontado, remusicalizado y resonorizado, convirtiéndose prácticamente en otra cosa en comparación con las intenciones de la directora. Le va mucho mejor con el thriller “Surveillance”, y posteriormente este thriller/drama/horror “Chained”, a veces considerado la mejor obra hasta ahora de Lynch.
Pero “Chained” es el típico agujero en el agua, una película que promete y luego no cumple, un film ultra indie que no logra capturar la libertad expresiva que
estos productos podrían y deberían tener para alinearse con una idea de cine falsamente truculento más adecuado para las plateas de los festivales que para las de los cines. “Chained” tiene una idea de base bastante banal, pero no por eso exenta de puntos interesantes, que a menudo han dado vida a obras fascinantes y perturbadoras, es decir, documentar de manera realista y explícita la vida de un asesino en serie. El pasado nos ha ofrecido una montaña de películas mediocres y malas sobre el tema (los varios “Ted Bundy”, Ed Gein”, “Dahmer” y compañía), pero también joyas como “Henry – Lluvia de sangre”. “Chained” no cae ciertamente en las soeces como las dirigidas por Lommel y Feifer, pero una película como “Henry” está a años luz, cayendo principalmente en la trampa mortal de la película que quiere “darse un tono” sin tener las posibilidades.
Se nota inmediatamente que Lynch quería hacer una película introspectiva y capaz de explorar el ánimo atormentado de un marginado de la sociedad, con la variante pregevole de buscar un punto de vista en el fruto de esta anomalía social. El protagonista de la historia es, de hecho, este chico reducido a prisionero, pero al mismo tiempo continuamente sometido a un proceso de aprendizaje que debería transformarlo en un monstruo como aquel que lo considera recluido. El chico no tiene nombre, es inmediatamente humillado y despersonalizado por su carcelero y
llamado Conejo. La mirada del chico está, por la mayor parte de la película, privada de juicio, como asuefacta al horror y a la violencia, aunque la directora nos recuerda en cada momento cuán desagradable y repulsivo es el asesino, interpretado muy bien por un Vincent D’Onofrio cada vez más mastodóntico.
Esta es la base de la película, su alma, poco original pero alineable en un camino que podría sorprender. En cambio, la película está anestesiada desde el principio hasta el final, aburrida y repetitiva en un ir y venir de víctimas llevadas a la casa, asesinadas casi siempre fuera de campo y enterradas en el sótano. Falta un verdadero interés en el iter narrativo y solo se percibe una monotonía que invade la historia, las acciones y la escenografía.
De vez en cuando se apunta aún más banalmente a justificar las hazañas del asesino con flashbacks que nos muestran la infancia difícil del hombre, en una sola ocasión Lynch nos concede una salpicadura de splatter con una garganta cortada, luego, cuando debería haber un poco de pimienta en el final, entra en escena un personaje – la chica que Conejo debería matar – que se comporta de manera tan irreal que deja atónitos. Incluso el giro final es tan absurdo y alejado de toda lógica en su puesta en escena que irrita más que sorprende.
De este pseudo “torture porn”, escrito con la mano izquierda por la misma Lynch y totalmente carente de la voluntad de arriesgar, solo queda la buena actuación de los actores y una bella fotografía que utiliza de manera funcional los colores cálidos.
Prueba de nuevo, Jennifer, y no te enfades si te comparan con tu padre.
Comentarios