En un bar perdido en las tierras desérticas de América irrumpe un hombre armado y sucio de sangre que pone en alerta a los clientes del local: un grupo de monstruosas criaturas lo está persiguiendo y pronto llegarán allí. Justo el tiempo de ser tomado por loco y un monstruito penetra en el local haciendo una matanza. Es solo el inicio de una larga noche marcada por la supervivencia.
En los últimos años la contaminación entre horror, humor y acción está en el centro de una gran cantidad de producciones, más o menos importantes (último ejemplo: “Zombieland”), más o menos exitosas, pero rara vez capaces de imponerse como verdaderos cultos que puedan ser recordados por los aficionados del género. En la mayoría de los casos la alquimia no funciona demasiado bien, siempre hay un elemento que desentona, que prevalece sobre los demás, intruso y arrojado dentro solo para montar la ola.
Entre los raros ejemplos de reciente perfecta sincronía de los componentes mencionados podemos encontrar sin duda “Feast”, un horror de bajo presupuesto (poco más de 3 millones de dólares) nacido por sorpresa de un proyecto-concurso que ve como financiadores a Matt Damon y Ben Affleck. Los dos actores, de hecho, han producido, junto a Wes Craven, los hermanos Weinstein y una docena de otros nombres, una película que tuviera como guionistas y director a los ganadores de un concurso anual organizado por su casa de producción (Live Planet) y el resultado ha sido este apreciable “Feast”, divertido b-movie de clase que une el splatter a un inteligente uso de humor y acción frenética.
Se hablaba de las tres componentes principales sobre las cuales se ha construido “Feast”. Obviamente el horror es el protagonista, si no por otra cosa porque esta película es un horror al 100% sin dudas de género. En específico, “Feast” además de ser una película de asedio y un monster movie, puede ser tranquilamente catalogada como splatter. Líquidos rojos (sangre), verdes (vómito), blancos (esperma) salpican alegremente durante los 80 minutos de duración en una serie de situaciones que van desde lo paradójico a lo repulsivo, entre ojos arrancados, cabezas aplastadas y penes cortados, sin nunca olvidar un calibrado sentido de irónica grotesca y haciendo gala de excelentes efectos especiales caseros.
El humor es la consecuencia directa del abundante despliegue de splatter porque se sabe que las situaciones espeluznantes en las que la hemoglobina fluye a ríos son motivo de risas y divertimento goliardesco en lugar de miedo y tensión. “Feast” utiliza a su favor el splatter extremo y cartoonesco evitando siempre y de todas formas caer en la parodia y la farsa; además la película está impregnada de diálogos brillantes puestos en boca de personajes perfectamente delineados, a pesar del evidente exceso de número, cada uno de los cuales es presentado por simpáticos fotogramas fijos que explican de manera cómica al espectador sus características y expectativas de vida, jugando así abiertamente también con los estereotipos de género. Los personajes son muchos, una buena parte sale de escena en los primeros quince minutos de la película (entre ellos también el actor fetiche de Kevin Smith, Jason Mewes, que interpreta a sí mismo), cada uno de ellos no tiene nombre sino un apelativo explícito que los identifica (ej. “Héroe”, “El tipo de la cerveza”, “El motivador”, “Bartender” y así sucesivamente) y sobre todo se desmontan todas las reglas que normalmente regulan las jerarquías de supervivencia de los personajes de una película de terror…ver para creer.
La acción está gestionada de tal manera que no exista un solo minuto muerto dentro de la película, por lo que el ritmo elevado contribuye a hacer de “Feast” un divertissement perfecto. Único defecto de una dirección bastante inspirada e incluso inventiva reside precisamente en la puesta en escena de algunas escenas de acción, sobre todo aquellas que ven involucrados a los monstruos, siempre demasiado caóticas para hacer difícil entender con precisión qué está sucediendo en la pantalla. La razón no es ciertamente dada por momentos de poca lucidez del director y editor, sino claramente por un expediente para disfrazar la pobreza (y quizás la falta de credibilidad) en la realización de los monstruos. Confusión ciertamente, pero el truco funciona, visto que la percepción y el recuerdo que el espectador tendrá de las criaturas es del todo positivo.
Detrás de la cámara encontramos al debutante John Gulager, hijo de artista (su padre, Clu Gulager, es una especie de leyenda de la pequeña pantalla, además de aparecer en “Feast” en el papel del barman) y ganador del concurso Project Greenlight que le dio la oportunidad de debutar como director. El guion es obra del dúo Marcus Dunstan y Patrick Melton, también “nacidos” del Project Greenlight y luego llegados como guionistas de la saga “Saw”, de la cual se ocuparon de los capítulos que van del 4 al 7.
Elenco rico en característicos y talentosos desconocidos que van desde el ya citado Clu Gulager a la otra vieja estrella de la televisión Eileen Ryan, pasando por el cantante punk y actor a tiempo parcial Henry Rollins (“Wrong Turn 2”; “Devil’s Tomb”) y Duane Whitaker (“Pulp Fiction”; “Dal atardecer al amanecer 2”). Mención especial para el trío de “muñecas” armadas, formado por la heroína Navi Rawat (“Undead or Alive”), la Honey Pie Jenny Wade (“Vicios de familia”) y la camarera Tuffy Krista Allen (“Terapia de choque”).
“Feast” es un divertidísimo e impecable splatter que no puede faltar en la videoteca personal de todo aficionado al horror. Culto.
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