Frontera(s) backdrop
Frontera(s) poster

FRONTERA(S)

Frontière(s)

2007 FR HMDB
julio 1, 2007

Año 2007. Las elecciones francesas se resuelven entre un partido conservador y otro de extrema derecha. La población ha estallado en protestas, y un grupo de jóvenes han decidido aprovechar el tumulto para perpetrar un robo. Un hostal aislado parece ser el refugio perfecto, pero sus problemas no han hecho más que empezar cuando descubran que sus propietarios son un grupo de degenerados neonazis caníbales.

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Reparto

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Equipo

Produccion: Laurent Tolleron (Producer)
Guion: Xavier Gens (Writer)
Musica: Jean-Pierre Taïeb (Music)
Fotografia: Laurent Barès (Director of Photography)

RESEÑAS (1)

Roberto Giacomelli
Periferia parisina. En un clima de generalizado desorden urbano debido a violentos enfrentamientos entre la policía y jóvenes revolucionarios, algunos chicos se aprovechan para asaltar un banco. El golpe no sale bien y uno de ellos resulta muerto; los cuatro restantes, divididos en dos grupos, se dirigen a la frontera con Luxemburgo, con la intención de llegar lo antes posible a Holanda. Al llegar la noche, los chicos deciden refugiarse en una posada en medio del campo, pero por desgracia el local es gestionado por una familia de neonazis con pasión por la tortura y el canibalismo. Si la falta de originalidad en el cine fuera un delito, "Frontiers" merecería la pena máxima. Xavier Gens, que poco después volaría a América para dirigir "Hitman", realiza una película que considerar derivada es poco: "L’Odio", "The Descent", "Psycho", "Hostel", "La casa negra" y, por supuesto, "No abras esa puerta" son desmenuzados, saqueados, homenajeados y cosidos juntos para dar vida a un largometraje que recorre senderos ya trazados. Sí, pero la originalidad hoy en día es algo raro de encontrar y así, entre un remake oficial, uno disfrazado de película "original" y un patchwork de películas de culto nos encontramos a menudo valorando historias que resuenan otras historias, pero lo bonito es que a veces este eco tiene un sonido tan sublime e hipnótico que nos hace olvidar el origen y disfrutar plenamente de la nueva melodía. "Frontiers" es justo así. Lo que más llama la atención y salta a la vista en la película de Gens es su explícita componente política que planea sobre toda la trama. La película se abre con videos pseudo-documentales que ilustran una revuelta de rutina, de esas que de tanto en tanto incendian las calles de la periferia de algunos grandes centros urbanos. En concreto estamos en Francia, en los suburbios cargados de rabia y violencia en los que Mathieu Kassovitz ambientó esa pequeña obra maestra que es "L’Odio"; esta vez los enfrentamientos ocurren entre jóvenes y la policía y con explícitos guiños se refieren a los disturbios ocurridos en 2002 cuando la extrema derecha de Le Pen no llegó al poder por un pelo. Pero el miedo genera monstruos, parece decirnos el director y guionista, que con un irónico y grandguignolesco salto de realidad encarna la extrema derecha francesa en una familia terrorífica al estilo "No abras esa puerta", compuesta, obviamente, por un grupo de neonazis deseosos de perpetuar la pureza de su raza. La familia liderada por el Padre Von Geisler (un fantástico Jean-Pierre Jorris) es una especie de partícula enloquecida dentro de una sociedad en descomposición, una señal de derrape y a la vez anclaje de realidad consciente que se mueve hacia atrás en el tiempo para eliminar, a su manera, el mal de la sociedad, con reglas férreas, respeto de la jerarquía y sentido del sacrificio (ajeno). En cierto modo se podría considerar la familia neonazi de "Frontiers" el exacto opuesto de la de "No abras esa puerta": por un lado, fanáticos puristas de la raza que alejan a los deformes y se alimentan literalmente de los "no puros", hablando arianamente; por el otro lado tenemos a la familia proletaria desplazada y hecha "peligrosa" por el progreso y la industrialización, un tabernáculo de freaks que se ensañan, en cambio, contra jóvenes bellos y vitales para hacerlos a su imagen. En ambos casos hay un sentido de la transformación grotesca y horripilante del poder, que así tiene un correspondiente "monstruoso" para ambos colores políticos, como para demostrar que la diferencia política es solo aparente, porque en la sustancia es siempre la masa (los jóvenes, el futuro de la sociedad) la víctima cannibalizada. Es interesante notar en "Frontiers" también una reflexión explícita sobre la violencia. La película hace de la violencia mostrada su caballo de batalla, así como mucho del cine contemporáneo de terror, llegando a excesos que le han valido la prohibición a menores en casi todos los países. Pero la violencia parece en este caso el único lenguaje que los personajes comprenden: los revoltosos y las fuerzas del orden usan porras y mangueras para comunicar el odio, la justicia y la represión; los jóvenes protagonistas se ensañan físicamente contra quien les bloquea la huida; la familia de psicópatas se expresa únicamente con actos de violencia interna-reprimida y hacia los extraños. Hasta llegar a Yasmine, la protagonista femenina (interpretada por la bravísima e intensa Karina Testa), futura madre que es obligada a aprender el mismo lenguaje de la violencia para poder hacer oír su voz en un mundo dominado por el caos. Para tener un cuadro completo de la preciosidad de una obra cargada de contenidos, espectáculo y violencia, basta mirar también a la excelente confección que a una inspirada dirección une un montaje convulsivo y nervioso ideal para expresar la rabia, el odio y la locura de los personajes, y una fotografía muy cuidada que prefiere el alternar de colores oscuros, fríos, a colores encendidos, cálidos, con por cierto algunos excesos de oscuridad que hacen poco claras algunas escenas. "Frontiers" ya se ha dicho; "Frontiers" ya se ha visto; "Frontiers" es una historia totalmente nueva.
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