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El embrión es un cazador furtivo poster

EL EMBRIÓN ES UN CAZADOR FURTIVO

胎児が密猟する時

1966 JP HMDB
julio 1, 1966

Un hombre mantiene atada a su novia adolescente en un apartamento para torturarla sin piedad. Ella está desnuda, atada por toda una serie de cuerdas, mientras su secuestrador le lava el pelo, la maquilla y proyecta en ella sus miedos. Mientras, la mujer planea escapar y llevar a cabo su venganza.

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Reparto

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Equipo

Produccion: 若松孝二 (Executive Producer)
Guion: 足立正生 (Screenplay)
Fotografia: 伊東英男 (Director of Photography)

RESEÑAS (1)

Cristina Russo
El Veredicto

El director de un gran almacén aborda a Yuka, una de sus jóvenes dependientas, para pasar una noche de amor. Al llegar a su apartamento, después de un comienzo aparentemente apasionado, el hombre revela su verdadera naturaleza desahogando en la desdichada todo su mal de vivir.

El director de un gran almacén aborda a Yuka, una de sus jóvenes dependientas, para pasar una noche de amor. Al llegar a su apartamento, después de un comienzo aparentemente apasionado, el hombre revela su verdadera naturaleza desahogando en la desdichada todo su mal de vivir. Para la mujer comenzará, en efecto, un calvario sin fin. “¡Perezca el día en que nací! ¿Por qué no morí en el útero! ¿Por qué no expiré nada más salir del vientre?” (Libro de Jacobo): este es el inicio que nos introduce en un viaje alucinante en el que nuestro guía es Koji Wakamatsu, uno de los pioneros del género Pinku Eiga (erótico-softcore), definición ciertamente reductiva y que nos revela solo una de las muchas y articuladas matices que caracterizan “The Embryo Hunts In Secret” (que traducido al italiano significa “Cuando el embrión caza de forma clandestina”). Con un pasado tormentoso a sus espaldas, que lo veía afiliado a la yakuza, el director japonés comienza su larga y prolífica carrera cinematográfica en 1963 para luego fundar, pocos años después, la productora independiente “Wakamatsu Production”, debutando precisamente con la película en cuestión (“Taiji ga mitsuryo suru toki” es el título original). A pesar de que la película es un concentrado de sadismo y explotación, está muy lejos de las brutales y sangrientas producciones orientales (“Guinea Pig”, “Men Behind The Sun”, por citar algunas de las más conocidas) no solo desde el punto de vista temporal, sino también desde el aspecto conceptual y estilístico. En este caso, nos encontramos ante una obra cargada de un lenguaje cinematográfico de alto nivel intelectual, que busca explorar la psique inestable de un hombre atormentado por un pasado que con violencia domina su presente. La trama gira en torno a las vicisitudes conyugales del protagonista (presentadas a través de una serie de flashbacks) quien, exasperado por las continuas e insistentes demandas de su esposa de tener un hijo, impone con prepotencia su categórico rechazo. La esposa recurre entonces a la inseminación artificial, un gesto percibido por el marido como un grave acto de traición hacia él. Este es el evento desencadenante utilizado por Wakamatsu para expresar su visión nihilista, espejo del tradicional enfoque pesimista de la vida que caracteriza parte de la cultura japonesa, pero también de la de la Grecia clásica (escribía el poeta Bacílides: “No haber nacido nunca: esta sería para el hombre la suerte de las suertes, no existir, no ver el sol”). El protagonista, constantemente enfrentado a elucubraciones filosóficas, interpreta la vida como la manifestación del dolor en su estado más puro y feroz, tan despiadada como para condenar al ser humano en el mismo momento en que ve la luz fuera del vientre materno (el paraíso) y se instala contra su voluntad en un mundo (el infierno) que solo le reserva sufrimiento y desesperación. En Yuka, el hombre ve la encarnación de su exesposa, así como la perfecta cobaya-fetiche a reeducar según sus locos cánones. Dividido entre el deseo de moldear una nueva esposa ideal y el deseo de venganza que lo devora día a día, el hombre infligirá a la joven todo tipo de torturas físicas y psicológicas: guiado por un fuerte instinto misógino, dará rienda suelta a su rabia reprimida castigando a Yuka por su condición natural de ser mujer, con todas las consecuencias funestas que de ello se derivan (el placer carnal, la maternidad), en un intento por purificarla. Pero la inestabilidad del hombre tiene orígenes más profundos y arraigados, relacionados con traumas infantiles no resueltos, vinculados a una situación edípica que lo lleva a una identificación casi patológica de cualquier sujeto de sexo femenino con la madre. Si para quien mira el equilibrio mental del hombre parece precario y desviado, en el abismo de su microcosmos infernal la irracionalidad de sus acciones encuentra eco en el credo humanista al que está fielmente consagrado: en la insensatez de sus creencias, todo tiene sentido. En un apartamento austero, sin demasiados manierismos de estilo pero con un uso sabio e ingenioso del claro-oscuro y del sonido, Wakamatsu pone en escena este desgarrador drama existencial, donde los conflictos interiores del protagonista cobran vida a través de brutales secuencias de violencia, aún más crudas por la banda sonora de matriz clásica, alternadas con conmovedoras escenas de dulzura, erotismo y adoración hacia la víctima. El concepto de “extremo” en esta película debe abrazarse a 360 grados: extremas son las circunstancias materiales en las que se encuentra la chica, atada, sometida como un perro, repetidamente azotada y privada de su dignidad, y aún más extremas son las reflexiones que de ello se derivan, las cuales trascienden el significado mismo de la vida y de la concepción del mundo tal como se entiende comúnmente. La elección de utilizar una sola ubicación y solo dos actores es funcional al contexto opresivo y claustrofóbico en el que se desarrolla, con gran y sufrida lentitud, toda la historia. Con gran anticipación a su tiempo, Wakamatsu da a luz lo que muchos —con razón— definen como una auténtica obra maestra: subversiva, valiente, surrealista y tan poderosa en su locura lúcida que rompe la pantalla. “The Embryo Hunts In Secret” es una experimentación visual y profundamente introspectiva dominada por una fuerte connotación emocional. El absoluto y visceral sentido de negación dirige los hilos de esta historia donde la mente de los personajes —ambos víctimas no del todo conscientes de su estatus natural/social— es brutalmente violada y conducida a una dimensión desarmónica y vacía de todo valor ético. Una película dura en la forma y en la sustancia, perfecta y conmovedora representación de la visión poética de uno de los directores más significativos y peculiares del cine extremo oriental. Reseña originalmente publicada en el blog M’illumino di Horror
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Preguntas sobre El embrión es un cazador furtivo

¿Cuánto dura El embrión es un cazador furtivo?

El embrión es un cazador furtivo dura 72 minutos.

¿Cuándo se estrenó El embrión es un cazador furtivo?

El embrión es un cazador furtivo se estrenó en 1966.

¿Quién dirigió El embrión es un cazador furtivo?

El embrión es un cazador furtivo está dirigida por 若松孝二.

¿Qué nota tiene El embrión es un cazador furtivo?

La redacción de HorrorCult le da a El embrión es un cazador furtivo 3,0 calaveras sobre 5, con una sola reseña.

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